lunes, 12 de noviembre de 2012

POEMA LIBERTAD DE SER MUJER

¡¡¡ LIBERTAD DE SER MUJER !!!

*BELDADES*
El cantar de una hermosura con ese matiz tostado
encandila las entrañas en campos de enamorados,
lo más gracioso es el velo con la saña en la mirada
entre zarcillos de plata línea roja marca en la cara.
*LISONJAS*
Soy ansia de las señales que adornan el ser mujer
periplo de engreimientos con garbos de amanecer,
entrego la flor de algo al hombre amante al placer
el que mimo, que me sacia, que me sabe someter.
*CARICIAS*
Trova a la entrega completa, sin atisbo de dejarlo
quiero que roces mi piel con el frote de tus labios,
con el roce de mi pecho, henchido de miel de azar
enroscada con las piernas somos la sed del hogar.
*ENTREGA*
Nada de extraño realizó al querer amar de amor
con el laurel de los hijos que salen de mi pasión,
afectiva en el hacer que cela al hombre de amor
enganchados al cariño, tiene celos de este amor.
*HECHIZO*
Soy maestra de un cariño, con fidelidad suprema
nunca tendré otro amor si el hombre me respeta,
somos la estirpe armoniosa sin adornos ni receta
 pobres somos de fortuna al ser ricos en zalemas.
*PLACIDEZ*

Autor;
Críspulo Cortés Cortés
El Hombre de la Rosa
04 de marzo del 2012 

sábado, 10 de noviembre de 2012

noticia sobre mujeres quemadas con acido en colombia

Explican qué tienen en la mente los agresores: dejarlas marcadas como si fueran su propiedad.

-Voy a joderte -le dijo Dagoberto Rodríguez a su exnovia.
Erika Vanegas, de 16 años, pensó que eran palabras de rabia nada más. Le había dicho que no quería seguir la relación, sino concentrarse en sus estudios. Días después, mientras charlaba con unas amigas junto a su casa, un niño se le acercó y le arrojó sobre su rostro ácido nítrico que llevaba en un vaso azul. Le quemó la cara, el cuello, el brazo izquierdo y el oído derecho.
Este ha sido uno de los dos casos de ataque con ácido en que ha habido juicio y condena. Los investigadores ubicaron al exnovio de Erika y lograron concluir que, en efecto, le había pagado 3.000 pesos al niño, de 9 años, para que lanzara el ácido, convenciéndolo además de que lo que iba a arrojar era solo agua. Dagoberto Rodríguez fue condenado a 12 años de prisión. Erika quedó con lesiones de por vida. (Lea aquí:¿Y a las mujeres quemadas con ácido quién les responde?. La historia de María Cuervo Sánchez)
Eso es precisamente lo que pretenden los agresores con este tipo de ataque: marcar. Para siempre. Por eso apuntan a la cara, que es la parte más visible de la persona y la que le permite interactuar socialmente. La cara es la puerta a través de la cual la persona se muestra al mundo, se presenta, enamora, habla, trabaja, vive. Eso es lo que buscan destruir. "Ahí la dejo marcada para que, hasta el momento de su muerte, se acuerde de mí", es la forma de pensar de estos victimarios, de acuerdo con especialistas.
Es un tipo de violencia, explican los expertos, que viene de una relación equivocada de jerarquías marcadas con frases como: "Si usted, objeto que me pertenece, piensa dejarme, yo la mutilo para que no sea de nadie más". Son actos calculados, premeditados, rumiados -conseguir el ácido, comprarlo, buscar quién se lo arroje, pagarle-, lo que lleva a concluir que no se trata necesariamente de personas enfermas. "Definirlas como enfermas es quitarles su responsabilidad, y estos agresores están conscientes de lo que planean y tienen la voluntad clara de hacerlo", afirma Eliane Barreto, médica experta en violencia familiar. Más que una enfermedad, cargan con pensamientos obsesivos de propiedad y con conceptos errados de "honores" heridos.
"Ahora sí te tienes que quedar conmigo, porque nadie te volteará a mirar", le dijo su expareja a Viviana Hernández, 28 años, cuando estaba en el hospital tratando de recuperarse del ataque. A otras las llaman para decirles: "¿Viste lo bonita que te dejé?". (Lea aquí: Todos los días se pregunta por qué. La historia de Angie Guevara)
Esta es una agresión que rara vez mata, y esa es otra razón por la que la buscan. Pretenden causar un dolor extremo -lo que, en efecto, causa el ácido- y generar consecuencias físicas que permanezcan en el tiempo. "Cuando alguien mata, el que mata es el que recuerda -dice Barreto-. En estos casos, el agresor busca que la víctima sea la que lo recuerde siempre".
*
Gloria Piamba recibió una llamada de una expareja que le pedía que volvieran a estar juntos. Ella le dijo que no. Antes de irse, él le advirtió: "Si no eres para mí, no eres para nadie". Días después fue atacada por un desconocido. Ella llevó su caso a la justicia y es otro de los tantos que continúan en la impunidad.
"Puede que la víctima no sepa quién fue la persona que la atacó, que no haya visto más que la cara de un desconocido. Pero el agresor definitivamente sí tiene claro quién es ella", agrega la especialista. (Lea aquí: La peluquera que hoy tiene que pedir limosna. La historia de Consuelo Cañate)
Muchas callan por miedo, porque el victimario las sigue amenazando, porque son madres cabeza de familia y reciben llamadas en las que les dicen que si hablan les hacen lo mismo a sus hijas. Otras, incluso, tienen que seguir viviendo con la persona de quien recibieron el ataque. Lo cuenta la psicóloga Clara Ospina, que trabaja en la Fundación del Quemado y ha atendido en consulta a varias víctimas: siguen al lado de su agresor por miedo o porque es su única forma de sustento económico. "Lo que les hacen no es solo un ataque en la piel -afirma Ospina-. Es casi una muerte en vida. Y el agresor está ahí. En la mayoría de casos, ellas saben quién fue".
Las víctimas no solo callan por amenazas, sino porque sienten que el sistema judicial no las oye. Para empezar, no están de acuerdo con que a esto se le llame delito pasional, y los especialistas coinciden con ellas. "Esa palabra 'pasional' es un mito que extiende el ataque y provoca frases equivocadas como 'es que la quiere tanto, que mire lo que le hizo' ", explica Barreto. Es importante entender que se trata de un acto que no tiene ninguna justificación. Por eso es vital que haya castigo y que el responsable pague.
*
Natalia Valencia, de 22 años, estudia Contaduría. En agosto del año pasado salió de su casa las 6:30 de la mañana. Mientras caminaba por una cancha de microfútbol de su barrio, un hombre en una bicicleta se le acercó y le lanzó ácido sulfúrico en el rostro.
"Las lesiones producidas fueron de tercer grado en cara, cuero cabelludo, pabellones auriculares, cuello, tórax anterior, posterior, brazos, antebrazos, manos. Natalia se encuentra estable, pero infortunadamente tendrá secuelas de por vida", fue uno de los partes médicos que emitió el Hospital Simón Bolívar.
Semanas después, la Policía capturó a Alexis Ramírez Romaña, el hombre que le arrojó el ácido. En medio de las investigaciones, las autoridades le encontraron conversaciones con una mujer con quien acordaba el ataque: Martha Inés Sandoval, que supuso que la estudiante mantenía una relación con su esposo. Entonces buscó a un limpiador de pisos, le pidió que le regalara un galón de la sustancia química que utiliza y luego le pagó a Ramírez 200.000 pesos para que se lo echara. Hoy ambos están detenidos.
"Ahí la mujer actuó con el mismo principio que el agresor: 'Esto me pertenece', 'debo defender mi honor'. Hoy ambos sexos están usando los mismos medios para la agresión", analiza Barreto. (Lea aquí: Volver a tener un rostro y una vida después de ser quemada. La historia de Gina Potes)
Además es frecuente, como en este caso, que quien piensa en realizar el ataque no sea el mismo que lo ejecute directamente. Eso le implicaría asumir su decisión. Por eso generalmente contratan a otro. "Y para quien se pregunte cómo va a pasar esto en Colombia, pues no es sino que lo analice como el reflejo de la violencia macro en lo micro -dice la especialista-. Es el resultado de ideas como tomarse la justicia por su cuenta".
Después del ataque, lo primero que la mujer debe entender es que no es la culpable, sino la víctima. En segunda instancia, reconocerse como sobreviviente. Recuperar el valor que tenía antes y eso, como dicen los expertos, no va lograrse con tres citas de psicología en el POS. Tiene que haber un compromiso del sistema de salud, que hasta el momento no es suficiente.
En la Fundación del Quemado, la doctora Ospina trabaja en reducirles el temor con el que quedan. "Ellas no tienen paz. Los agresores las torturan psicológicamente al decirles que, si se atreven a denunciar, vuelven a hacerlo".
Les cuesta elaborar el duelo porque la evidencia permanece ahí, frente al espejo, todos los días. "Cómo elaborar yo mi pérdida si ahí tengo el recuerdo de lo que me pasó", reflexiona Ospina. En los primeros meses es frecuente que busquen esconderse. Cerrar cortinas, no dejarse ver. Pero con el tiempo, y la respuesta que empiezan a ver con las cirugías, comienzan a recobrar confianza.
Sus hijos suelen ser los motores que las encienden de nuevo en la ruta. Y al final terminan por entender que lo que les pasó no tiene sentido, pero sí sus vidas.
María Paulina Ortiz
Con el aporte de Sergio Camacho Lannini

jueves, 1 de noviembre de 2012

Lectura "La Burka"

La burka es un símbolo de la opresión de las mujeres afganas. Es una prenda de vestir que las convierte en fantasmas. Deben llevarla obligadamente al salir a la calle y cubrir con ella todo su cuerpo, incluidas las manos. En la intimidad de su casa, éstas mujeres sólo pueden descubrirse si no hay extraños a la familia.

Antes de que los talibanes asumieran en el poder en 1997, sólo algunas mujeres rurales llevaban la burka, una prenda que hoy sólo se utiliza en Afganistán y en Pakistán, con otras variantes.

La burka no es un vestido, es una cárcel que somete a las mujeres a la terrible dificultad de no ver con claridad nada que no se encuentre a un metro de distancia frente a sus ojos.

Produce una visión de "anteojeras", que les hace perder la vista de los ángulos laterales estrechando el campo visual que aparece, detrás de las celdas del tejido que se abre a la altura de los ojos, "enrejando" todo lo percibido. Las miradas de estas mujeres están presas, como sus cuerpos.


Según declaran mujeres afghanas que sufrieron la ignominia de la Burka cuando estaban los talibanes en el poder: "Es como una cárcel. Da calor y aísla. Las mujeres no pueden reconocerse. Las que necesitan gafas, no pueden usarlas. Es como si, además, fueran casi ciegas. El tejido que cubre sus ojos debe ser suficientemente tupido pues a algunas mujeres les han pegado por llevar los agujeritos demasiado grandes. Para las mujeres, la obligación de llevarla ha sido un trauma, porque es humillante, dificulta todos los movimientos y también ver...

A menudo, la poca visibilidad que permite la pequeña apertura provoca, al cruzar las calles, serios accidentes que llevan a estas mujeres a la muerte.

El periódico inglés "The Times", publicaba en Noviembre de 2001:

"...las mujeres afganas sufren un holocausto de género desde que los talibanes asumieron el poder en Afganistán, siendo violentadas, humilladas, ciegas, golpeadas, excluidas, lapidadas..."

Al nacer, el ser humano organiza su mundo a través del contacto con su madre (o de la persona que cumple con la función materna). Su primer vínculo con ese mundo nuevo es la piel. El segundo, será la mirada, y el tercero, la voz.

Esta relación vincular, que en sus comienzos tendrá como protagonista exclusiva a la madre, será el soporte para aprehender y aprehender-se, constituyéndose otro y diferente de la mirada materna. La mirada de la madre que le permitirá, a su vez, situarse como una unidad separada de ella. Sobre este proceso se constituirá su identidad.

El filósofo y escritor francés Jean Paul Sartre, en su obra "El Ser y la Nada", hace girar la demostración de la existencia del Otro alrededor de la mirada:

"El objeto humano no es asimilable a ningún objeto, en tanto es un objeto que me mira. A partir del momento en que existe esta mirada, ya soy algo distinto en tanto yo mismo me siento objeto para la mirada del otro. Recíprocamente, el otro también sabe que soy un objeto que se sabe visto".

Esta mirada será la que le permitirá, alrededor de los 7 u 8 meses, como dice Spitz, la conservación del objeto desaparecido de su vista. Es recién en este período cuando aparecen la capacidad de evocar las representaciones internas de los objetos, las sensaciones de placer y displacer con relación a las experiencias vividas en su entorno, a través de lo cual el niño puede elaborar la separación de su madre y adquirir la capacidad de espera necesaria y la tolerancia de la frustración en el deseo no satisfecho de inmediato.

Es aquí donde Winnicott ubica lo que llama "objeto transicional", objeto a través del cual, logra la síntesis dialéctica que le permitirá superar esa instancia. El pasaje a ser él mismo, diferente y separado de un Otro.

La mirada de la madre, primera mirada, aprueba o desaprueba, genera seguridad, apoyo, sostén. El contacto con su piel no sólo refuerza el sistema inmunitario (de acuerdo a los últimos estudios), también origina sensación de placer y protección.

Debajo de la burka, la mirada de la madre no existe. No existe su rostro, su voz se distorsiona y es imposible el contacto con su piel. Tampoco existe para estas mujeres la mirada del hijo al amamantar. No hay vínculo ni sostén a través de este soporte básico y constituyente de un Otro. No hay mirada.